Un poco de lo que me rodea.

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Tres semanas en Nueva York (IX)

El miércoles de la segunda semana teníamos plenada una fiesta en un barco que recorría la costa de Manhattan pero el tiempo nos chafó la idea de pegarnos una tarde entera bailando en la cubierta. Empezó a diluviar nada más salir de clase esa misma mañana y tuvimos que hacer día en la residencia. Clases de salsa particulares con Oli en la sala de la Westside, entre otras cosas. Después de un intento de cena fallido otra vez por la lluvia (y por los metros express y los paraguas para tres) decidimos abandonar y esperar a que el jueves fuera un poco mejor.

Y lo fue. El jueves decidimos ir a visitar el Metropolitan. No sé por qué pero a estas alturas del viaje vivo ya cansada y me cuesta prestar demasiada atención a todas las cosas que se pueden ver allí. Sin embargo, me di una vueltecita con Manu por la sección de pintura para ver algunos clásicos que había estudiado en la universidad.

Después nos unimos al resto para ver un poco la parte que más me llamó la atención: Warhol, Lichtenstein y otros artistas pop.

Y para terminar una vuelta rápida, muy rápida, por el resto de plantas antes de salir del museo.

¿Y qué nos encontramos a la salida? Un grupo cantando prácticamente a capella que tenía entretenida a toda la gente que descansaba en las escaleras del Met. Sonaban muy bien, tenían hasta pequeñas coreografías para cada canción y se permitían hacer incluso algunas parodias o chistes entre tema y tema. Pasamos un rato muy agradable en compañía de estos artistas.

Después de volver a la residencia tranquilamente, atravesando Central Park en un paseo relajante, decidimos entre todos que era una noche estupenda para subir a la azotea del Empire State. Nos apetecía mucho verlo de noche porque entre nuestros planes entraba visitar también el Top of the Rock, que decidimos verlo al atardecer. El caso es que nos plantamos allí y después de más de una hora de cola que parecía interminable logramos llegar arriba del todo.

Muchísima gente, eso sí, pero unas vistas impresionantes que te hacían sentir realmente pequeñito. Cuando decidimos bajar muertos de hambre una limusina en la puerta del Empire State se ofrecía a llevarnos donde quisiéramos por un módico precio. Ese es el tipo de cosas que te pueden pasar en Nueva York.


Tres semanas en Nueva York (VII)

Segunda semana que arrancamos con nuestras tres horitas de clase por la mañana y una comida rápida para irnos corriendo a buscar la calle donde rodaban ese mismo lunes unas escenas de Gossip Girl. La encontramos pero rodaban en un interior por lo que estuvimos esperando un rato en la calle hasta que decidimos seguir con nuestra sesión de turismo.

Fuimos hacia el Soho buscando una tienda que nos habían recomendado por tener muy buen precio en zapatillas Converse. No recuerdo el nombre de la tienda pero compré mis Converse blancas bajas por 35 dólares, un precio más que competente (y ahora no me las quito). En el camino hacia la tienda pasamos por Little Cupcake Bakeshop en el 30 de Prince Street. No entramos pero mirad que sitio tan chulo.

 

 

Después aprovechamos para pasarnos un rato por las tiendas del Soho y le hicimos una visita a la tienda Converse (560 Broadway, entre Spring St y Prince St), donde hay verdaderas joyas. Lo más impactante de la tienda lo vemos nada más entrar: esta impresionante bandera americana hecha con zapatillas rojas, blancas y azules.

 

Otras de las curiosidades que encontramos allí fue este stand de las zapatillas diseñadas por Marimekko con diseños muy originales.

 

 

 

Después algunos se fueron a visitar el teleférico y nosotros nos quedamos dando vueltas por el Soho, haciendo tiempo para nuestra primera visita al puente de Brooklyn. Lo cruzamos andando disfrutando de un agradable paseo y haciendo un montón de fotos.

 

 

Hasta que llegamos al otro lado y bajamos a la orilla del río para disfrutar de una de las mejores vistas de la zona sur de Manhattan.

 

Unas vistas que nos dejarían tan embobados que no dudaríamos en volver unos días más tarde para despedirnos de la ciudad.


Tres semanas en Nueva York (III)

Es martes. Después de salir de clase decidimos ir a comer a una hamburguesería muy famosa que no quedaba lejos de la escuela: Shake Shack. Dicen que sus hamburguesas son de las mejores que puedes encontrar en Nueva York, y la verdad que estaban bastante a la altura. La cola era interminable, salía por fuera del local y nos tocó esperar al sol. Dentro, una vez hecho el pedido, te daban este aparatejo con tu número y te podías ir a coger sitio. Cuando el pedido está servido, el cacharro este se pone a vibrar para avisarte de que vayas a recogerlo. Creo que eso ya lo he visto por Madrid, pero no me deja de hacer gracia.

(Foto de Jose)

(Foto de Jose)

Después nos pusimos a andar camino a High Line de nuevo. El resto del grupo no lo había visto y como no estábamos lejos de la entrada superior (o es creíamos) decidimos empezar por ahí. Un largo paseo al sol nos hizo darnos cuenta de que igual sí que estábamos un poquillo apartados de la zona y cuando creíamos que nos moríamos deshidratados llegamos a la escalera de subida al parque. Nada más llegar, repostamos en una de las fuentes y nos sentamos un rato a descansar a la sombra.

(Mis compis en High Line)

Como ya os conté, este parque corre entre edificios tanto de viviendas como de oficinas y puedes encontrarte con rinconcitos maravillosos como terracitas muy apetecibles para hacer vida en el exterior. Ésta en concreto me alucinó porque se encuentra en el hueco que dejan dos edificios de casas y la vía del parque. Está rodeado de vegetación y aunque no tiene demasiada intimidad, dan ganas de sentarse en una buena hamaca a leer un libro o escuchar música con algo fresquito en la mano.

Pero en el parque también hay otros rincones perfectos para pasar el rato, como este banco que está a la sombra de una enredadera y que es perfecto para simular a la chica de la foto (que estaba la mar de tranquila hasta que llegamos nosotros a descansar a su lado).

Seguimos andando hasta el final del parque, no sin antes pararnos un par de veces. Una de ellas para que Oli preguntara al señor de un puesto de helados que era exactamente eso del “shaving ice” (si mal no recuerdo…). Tenía un gran bloque de hielo que arañaba con una cuchilla para convertirlo en granizado y después añadía un zumo del sabor que le pidieses. Así tenías unos polos en tarrina muy originales (no tengo fotos de esto, pero creo que Oli sí…a ver si las consigo). Un poco más adelante, encontramos las tumbonas de madera que están a un lado del camino. Lo mejor es que en el lado opuesto el suelo está cubierto por un dedo de agua fresquita, perfecto para parar y mojarse los pies un rato para refrescarse de tanto calor.

Después volví al mercado de Chelsea. Ahora sí que os voy a enseñar alguna foto aunque lo mejor es que si podéis lo visitéis porque tiene un encanto especial.

Ahí tenéis un directorio que está en mitad del mercado para indicarte bien dónde están todas las tiendas. Como véis, hay muchísimas pero lo que más abunda son las dedicadas a la comida, especialmente a los dulces. Y precisamente de una de ellas quiero hablaros, porque tenían cositas muy tentadoras. Se trata de Eleni’s New York, una pastelería especializada en galletas decoradas con distintos motivos.

(Foto de Raúl)

(Foto de Jose)

Podías elegir entre comprar una cajita con los surtidos ya hechos según la temática o seleccionar tú las galletas que más te llamaran la atención para hacer tu propio set. No caímos en la tentación pero poco nos faltó porque tenían una pinta deliciosa. Sin duda, una de las tiendas con más éxito.

Un poco más adelante está Chelsea Market Baskets, una tienda de regalos con cositas muy chulas. Allí compré un par de libretas de recuerdo de la ciudad de rollo vintage, una para mí y otra para mi hermana. Y allí fue donde Thomas me regaló el maravilloso poster del mapa de NYC.

Después del repaso a Chelsea, partimos hacia el Soho en una visita rápida porque estábamos medio muertos. A la vuelta, unos pocos nos desvíamos para ver el edificio Dakota y Strawberry Fields, uno de los puntos fuertes de Central Park y dos lugares clave para los fans de The Beatles. La foto que os dejo es de otro día, que volvimos a pasar por allí y lo encontramos repleto de flores y recuerdos en la memoria de John Lennon.

(Foto de Jorge)

Poco más que señalar de aquel día. ¡Ah sí! Conocimos a dos nuevos compañeros de viaje que además nos descubrieron el súper que nos salvaría las cenas más de un día cuando estábamos hartos de hamburguesas. Parece que no, pero fue un gran acontecimiento en nuestro viaje.


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