Un poco de lo que me rodea.

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Tres semanas en Nueva York (X): Jugueterías

Hoy me voy a saltar la programación para haceros un remix de detalles de las 3 grandes jugueterías de Manhattan.

Dos de ellas, están en el mísmisimo Times Square. La tienda Disney de Nueva York es el paraíso para los amantes de estos dibujos animados. Vamos a encontrar desde el marchandising de las películas más recientes como joyas de los clásicos Disney que los niños de ahora casi ni conocen.

Justo al lado, se encuentra Toys ‘r’ us. Nada que ver con cualquiera de los almacenes que hemos visto por España, o al menos no como yo los recuerdo. Un universo maravilloso dentro de una tienda en el que se incluye una noria gigante en la que los niños pueden subirse. Tiene su propia tienda de helados y dulces y un espacio Wonka plagado de chocolate.

Y para terminar, la joya de la corona. Otro de los iconos de la ciudad que hemos visto en películas varias veces: Fao Schwarz. ¿No la conocéis? Claro que sí, ¿no recordáis “Solo en Casa” o el piano gigante de “Big”?

¿Mis favoritos de FAO? Sin duda, el piano que es visita obligada y la sección donde puedes construir tu propia marioneta de Los Teleñecos (The Muppets) con la selección de ojos, boca, nariz y demás que más te guste. Genial.

 

 

 


Tres semanas en Nueva York (IX)

El miércoles de la segunda semana teníamos plenada una fiesta en un barco que recorría la costa de Manhattan pero el tiempo nos chafó la idea de pegarnos una tarde entera bailando en la cubierta. Empezó a diluviar nada más salir de clase esa misma mañana y tuvimos que hacer día en la residencia. Clases de salsa particulares con Oli en la sala de la Westside, entre otras cosas. Después de un intento de cena fallido otra vez por la lluvia (y por los metros express y los paraguas para tres) decidimos abandonar y esperar a que el jueves fuera un poco mejor.

Y lo fue. El jueves decidimos ir a visitar el Metropolitan. No sé por qué pero a estas alturas del viaje vivo ya cansada y me cuesta prestar demasiada atención a todas las cosas que se pueden ver allí. Sin embargo, me di una vueltecita con Manu por la sección de pintura para ver algunos clásicos que había estudiado en la universidad.

Después nos unimos al resto para ver un poco la parte que más me llamó la atención: Warhol, Lichtenstein y otros artistas pop.

Y para terminar una vuelta rápida, muy rápida, por el resto de plantas antes de salir del museo.

¿Y qué nos encontramos a la salida? Un grupo cantando prácticamente a capella que tenía entretenida a toda la gente que descansaba en las escaleras del Met. Sonaban muy bien, tenían hasta pequeñas coreografías para cada canción y se permitían hacer incluso algunas parodias o chistes entre tema y tema. Pasamos un rato muy agradable en compañía de estos artistas.

Después de volver a la residencia tranquilamente, atravesando Central Park en un paseo relajante, decidimos entre todos que era una noche estupenda para subir a la azotea del Empire State. Nos apetecía mucho verlo de noche porque entre nuestros planes entraba visitar también el Top of the Rock, que decidimos verlo al atardecer. El caso es que nos plantamos allí y después de más de una hora de cola que parecía interminable logramos llegar arriba del todo.

Muchísima gente, eso sí, pero unas vistas impresionantes que te hacían sentir realmente pequeñito. Cuando decidimos bajar muertos de hambre una limusina en la puerta del Empire State se ofrecía a llevarnos donde quisiéramos por un módico precio. Ese es el tipo de cosas que te pueden pasar en Nueva York.


Tres semanas en Nueva York (VIII)

Nos acercamos al ecuador del viaje en una semana un poco inestable. Hemos querido abarcar tanto de golpe que ahora estamos agotados y nos lo tenemos que empezar a tomar con calma. Y mira que nos habían avisado.

Decidimos hacer nuestro segundo intento con el Museo de Historia Natural. Por fin conseguimos entrar a uno de los museos que más nos apetecía ver. La entrada no tiene un precio fijo sino que das un donativo que a tí te parezca bien. Ojo, el museo te dice que la entrada cuesta alrededor de unos 12 dólares, creo recordar, pero es para que piques y caigas en la trampa. Entre 1 y 5 dólares ya está bien como donativo.

El museo es enorme, como casi todos, así que si quieres verlo con calma debes dedicarle unas horitas a pasear. Tiene un montón de salas dedicadas a distintas culturas y rincones del planeta, pero sin duda lo que todo el mundo quiere ver son los animales y los dinosaurios.

 

 

¿No son impactantes? Parece que en cualquier momento van a empezar a moverse por sus escaparates. También cabe destacar el trabajo de ambientación que logra que pequeños espacios como estos expositores parezcan infinitos gracias a esos fondos tan maravillosos.

Teníamos prisa, nos cerraban el museo. Algunas salas las vimos corriendo, buscando la sala que todos queríamos ver.

 

Impresionantes los restos de dinosaurios. Aunque muchos de sus huesos están reconstruidos o son artificiales (obviamente, tiene que ser complicado encontrar cada pieza de estos monstruos), no deja de impactar su tamaño y pensar cómo era el mundo cuando ellos campaban a sus anchas.

Después de salir corriendo del museo porque avisaban que era la hora de cerrar, nos acercamos a un Dunkin Donuts a comprar la merienda y desayuno del día siguiente. Menudo vicio más barato.

Ducha relajante, un poco de esparcimiento y una cena rápida. ¿Después? Noche de paseo por Times Square para hacer algunas fotos y seguir flipando con tantas luces mirándote al mismo tiempo.

 

 

Esto es lo que ves cuando te sientas en las escaleras rojas de TKTS una noche cualquiera en Times Square. Miles de carteles luminosos intentando buscar tu atención, hipnotizándote para que no dejes de mirar sus marcas y productos. Quizá sea el mejor ejemplo de consumismo pero es tan impresionante que hasta que no estás allí y lo ves con tus propios ojos, no terminas de entenderlo.


Tres semanas en Nueva York (VII)

Segunda semana que arrancamos con nuestras tres horitas de clase por la mañana y una comida rápida para irnos corriendo a buscar la calle donde rodaban ese mismo lunes unas escenas de Gossip Girl. La encontramos pero rodaban en un interior por lo que estuvimos esperando un rato en la calle hasta que decidimos seguir con nuestra sesión de turismo.

Fuimos hacia el Soho buscando una tienda que nos habían recomendado por tener muy buen precio en zapatillas Converse. No recuerdo el nombre de la tienda pero compré mis Converse blancas bajas por 35 dólares, un precio más que competente (y ahora no me las quito). En el camino hacia la tienda pasamos por Little Cupcake Bakeshop en el 30 de Prince Street. No entramos pero mirad que sitio tan chulo.

 

 

Después aprovechamos para pasarnos un rato por las tiendas del Soho y le hicimos una visita a la tienda Converse (560 Broadway, entre Spring St y Prince St), donde hay verdaderas joyas. Lo más impactante de la tienda lo vemos nada más entrar: esta impresionante bandera americana hecha con zapatillas rojas, blancas y azules.

 

Otras de las curiosidades que encontramos allí fue este stand de las zapatillas diseñadas por Marimekko con diseños muy originales.

 

 

 

Después algunos se fueron a visitar el teleférico y nosotros nos quedamos dando vueltas por el Soho, haciendo tiempo para nuestra primera visita al puente de Brooklyn. Lo cruzamos andando disfrutando de un agradable paseo y haciendo un montón de fotos.

 

 

Hasta que llegamos al otro lado y bajamos a la orilla del río para disfrutar de una de las mejores vistas de la zona sur de Manhattan.

 

Unas vistas que nos dejarían tan embobados que no dudaríamos en volver unos días más tarde para despedirnos de la ciudad.


Tres semanas en Nueva York (VI)

Llegamos al primer fin de semana del viaje. El viernes aprovechamos el día gratis del MoMA para ir a visitarlo prontito. Pensábamos que con llegar un rato antes de abrir sería suficiente para no pillar mucha cola pero cuando llegamos casi daba la vuelta a la manzana.

Un poquito antes del museo está la famosa escultura LOVE de Robert Indiana, en la 6º Avenida entre la 53 y la 54. Buscando información, ahora que escribo esto, he descubierto que el diseño inicial fue una tarjeta de navidad para el MoMA.

 

 

En cuanto al museo, hay opiniones para todos los gustos. No soy una aficionada al arte moderno (y creo que tampoco al arte en general) salvo algunas excepciones. Hay algunas obras expuestas que me parecen cuanto menos absurdas y otras que pueden gustarme más, sobre todo de ilustración, pero no me impresiona. Aquí os enseño un par de fotos de algunos rincones que me gustaron.

 

Ambas pertenecen a la sala Contemporary Galleries (menos mal que guardé el plano del museo). La segunda forma parte de una caja de cristal llena de estas etiquetas que recojen deseos de la gente. Esta etiqueta era de las que mejor se veía y me gustó mucho su mensaje (“Ojalá vivieras en Brooklyn. Para que cuando visitáramos el único lugar en el que me he sentido en casa, tú estuvieras allí conmigo. Tú eres mi hogar.”). Y así un caja llenita de deseos en varios idiomas.

En el jardín del museo, había un árbol de los deseos en el que podías colgar los tuyos propios. Raúl, Jorge y yo nos acercamos y dejamos los nuestros.

 

(Fotos de Raúl)

También me gustó mucho la zona de ilustración, con algunas obras muy interesantes. La lástima es que nos saltamos la planta de pintura con las prisas y pensando que no encontraríamos nada digno de ver, y cuando salimos me dí cuenta (gracias a Manu, que me hizo un reportaje de todo el museo) de que me había ido sin ver “La noche estrellada” de Van Gogh. Fallo imperdonable, tendré que volver a verlo en directo ¿no?

Después de divirnos sin querer, fuimos dando un paseo hasta el Museo de Historia Natural solo para encontrarnos una doble decepción: que el caballo de la puerta estaba de reparaciones y lo tenían tapado, y que el museo cerró un rato antes de llegar nosotros.

Así que volvimos a la residencia para prepararnos a salir. Nos hablaron de una discoteca en la que podían entrar menores pero sin probar gota de alcohol (y comprobamos la vigilancia que tienen, ¿verdad Jose?): el Webster Hall en 125 East 11th Street. Un sitio en el que vas a saber cómo es la fiesta nocturna de clubs en Nueva York, en lo que a nosotros nos pareció demasiado auténtico.

Después de un sábado de resacas y horas de sueño, aprovechamos el domingo para visitar uno de los famosos outlets de Nueva Jersey: Jersey Gardens, con más de 200 tiendas según su página web. Encontraréis las principales marcas con precios más bajos y algunas tiendas únicamente americanas. A mí personalmente no me pareció un descuento tremendo ni unas oferta maravillosa pero sé de algunos que no tenían manos para tantas bolsas ;)

Un poquito de descanso, que arranca una nueva semana.


Tres semanas en Nueva York (V)

Jueves 28, un día nublado y poco agradable. Aún así decidimos ir a comer a Central Park después de las clases. Era la primera vez que pisábamos el parque quitando la visita a Strawberry Fields y elegimos una zona de césped muy cerquita de nuestra residencia y al lado de una gran cancha de baseball. Había un equipo entrenando y la gente se agolpaba en la valla para ver el entrenamiento animando como locos. Nosotros nos tiramos en el césped, con el cansancio acumulado ya notándose, y sacamos nuestra comida. Mis compis Gemma y Aida me hicieron un par de sandwiches mientras yo estaba vete tú a saber dónde que no recuerdo. Después de comer apareció una ardillita por ahí corriendo, más lista que el hambre porque no dejaba que nadie se acercara. Manu cogió mi cámara e intentó sacar alguna fotillo pero la ardilla era más rápida…jaja.

En fin, que decidimos que era un buen día para ver la Estatua de la Libertad así que fuimos a coger el ferry. Es un ferry gratuito que te lleva a Staten Island y por el camino puedes ver la Estatua de lejos. Puedes ir en metro hasta South Ferry y allí te encontrarás el puerto donde cogerlo.

No tiene pérdida, ¿no?. Tuvimos suerte y no había demasiada gente así que pudimos coger un sitio privilegiado sacando la cabecita para ver la estatua desde lejos, bastante lejos. También había unas vistas muy chulas de la parte de Wall Street que estábamos dejando atrás.

Cuando llegamos a Staten Island fuimos a dar la vuelta para coger el ferry para volver pero no llegamos a tiempo y nos cerraron la puerta en las narices. Algunos habían entrado y tuvieron que volver al hall con nosotros para esperar al siguiente ferry y salir todos juntos. Cuando por fín conseguimos subirnos al nuestro subimos hasta la parte de arriba, que era exterior, y volvimos viendo las vistas del otro lado con los puentes que conectan Manhattan con Brooklyn. Fue un paseo muy agradable con unas vistas estupendas y muchas risas con la gente, como siempre.

Cuando tuvimos los pies en Manhattan de nuevo decidimos dar una vuelta por la zona inexplorada  de esa parte de la ciudad y recorrimos Battery Park, el parque que bordea la costa al sur de la isla. Terminado el paseo volvimos a la zona cero, donde se podía ver perfectamente la Freedom Tower, la torre que están construyendo en memoria de los atentados del 11S y que está justo donde antes estaban las torres gemelas. Cuando la terminen será la segunda torre más alta del mundo y la primera de Estados Unidos.

Al final llegamos al World Financial Center y entramos para darnos una vuelta por el edificio de restaurantes y tiendas. A la hora que era estaban todos cerrados o a punto, así que por allí dentro no había casi nadie. Llegamos a una cristalera donde se podía ver perfectamente toda la zona cero (ahora en obras) y nos quedamos allí parados un rato. En seguida nos pusimos a recordar aquel día que parecía una pesadilla, que no parecía en absoluto real. Pero ahora estábamos delante del lugar donde ocurrió todo y no parábamos de pensar en todo lo que pasó allí, que las calles que estábamos viendo eran un infierno, que probablemente los cristales a través de los que mirábamos estallaron en mil pedazos y en el miedo de la gente que tuvo que vivir aquello. Nos quedamos congelados por unos momentos sintiendo esos escalofríos que habíamos sentido unos días antes al pasear por aquellas calles. Sin duda fue uno de los momentos que más me impactó de todo el viaje.

Cuando decidimos salir fuera nos encontramos con que se estaba celebrando un concierto dentro del Lowdown Hudson Blues Festival. La plaza del World Financial Center estaba llena de gente y había un ambientazo, así que decidimos quedarnos a cenar. Había un puesto de barbacoa donde compramos algo de comer y nos sentamos a escuchar el concierto con unas cervezas. Si mirábamos para arriba, ésta era nuestra vista.

Después de cenar algunos se volvieron a la residencia pero otros nos quedamos allí disfrutando de todo aquello. Nos acercamos a la zona de paseo junto al río a ver las luces de los edificios del otro lado y las que teníamos detrás: todo el Financial Center encendido.

Empezamos a andar, viendo esas luces que nos dejaban embobados y charlando un poco, conociéndonos mejor. Seguimos andando hasta encontrar un metro que nos dejara en la residencia para terminar el día. Fue una noche de las más agradables de las tres semanas y uno de los grandes momentos que siempre recordaré. Andando por allí empecé a pensar que no quería irme, que quería vivir la ciudad un poco más de 20 días y fue uno de esos momentos en que supe que volvería a Nueva York.


Tres semanas en Nueva York (IV)

Seguimos con la intensa primera semana. El miércoles decidimos hacer la ruta por Chinatown, que ya había ganas de verlo. La verdad es que esperaba otra cosa del barrio. Quizá fue porque nos movimos por la zona más turística pero aquello era una retahila de tiendas y más tiendas de regalos y souvenirs.

La esquina donde quedamos después de comer estaba cercana a un McDonald’s que, como cada cartel en Chinatown, tenía su nombre en ¿chino? ¿koreano?.

(Foto de Jorge)

La calle estaba llenita de gente, mucho turista, así que decidimos empezar a movernos para apartarnos de la masa que no hacía más que aumentar el agobio debido al calor. Una vez comenzamos a andar sí que vimos cosas un poquito más sorprendentes. Llegamos a un parque precioso, muy tranquilo, donde un montón de asiáticos (hay mucha mezcla allí, no creo que fuera solo gente china) estaban reunidos pasando la tarde. Parecía que de repente nos habíamos transportado a otra ciudad del mundo.

Se trata de Columbus Park, un parque muy apetecible para sentarse un rato y mezclarse en el ambiente. Allí encontramos varios grupos jugando en las mesas a juego completamente desconocidos para nosotros. Pensaba que sacar la cámara y ponerme a hacer fotos sin parar podría molestarles así que hice un par de ellas desde un rinconcito que no me dejaba ver demasiado bien. Un hombre mayor se acercó a mí y me dijo que le siguiera, que había otro sitio mucho mejor desde el que podría sacar las fotos con más claridad.

Le pregunté por el juego y me dijo que era un clásico chino muy parecido a nuestro ajedrez. No sé si ya lo he comentado pero una de las cosas que más me ha gustado de la ciudad es la amabilidad de la gente. Este hombre habló conmigo con una gran sonrisa en la cara y me explicó cosas que yo no sabía. Es genial poder hablar y mezclarte con la gente de una ciudad de esta manera porque es una forma estupenda de empaparte mucho más de su cultura.

Dejamos atrás el parque para seguir con nuestro paseo. Por el camino vimos varios mercados donde vendían ingredientes que ni siquiera sabíamos que existían, desde una especie de frutos secos hasta frutas extrañísimas que veíamos por primera vez.

Seguimos andando hasta llegar a Little Italy. Los barrios están uno a continuación del otro y el cambio es muy notable: ahora se desplegaban ante nosotros un montón de restaurantes italianos y puestos de helados muy apetecibles. Cuando llegamos a la parte norte, conocida como NoLIta (North Little Italy) empezamos a ver tiendas geniales.

Three Monkeys Eyewear es una tienda de gafas de sol en Spring Street que nos llamó la atención por su logo de los tres monos. En la puerta tenían un carrito de helados “Eyescream” que pertenece a su línea más juvenil y que normalmente está repleta de gafas de sol muy modernas con colores muy llamativos. Desgraciadamente, nosotros lo vimos vacío.

Justo al lado estaba Rice To Riches, que en el momento y al leer “rice pudding” ni siquiera nos molestamos en entrar pero ahora me entero de que eso significa…¡arroz con leche!¡y nos lo perdimos! Por lo visto es una cadena que se dedica a vender arroz con leche de mil tipos con distintos toppings añadidos. La tienda nos llamó la atención por las pegatinas redondas de sus grandes puertas de cristal en las que se podían leer cosas como “no skinny bitches!!!”. Vamos, que ni se te ocurra entrar si estás a dieta.

Después del paseíto por allí, decidimos coger el metro para ir a la zona de Wall Street. Al salir del metro y ponernos a andar para hacernos la foto con el mítico toro, llegamos a la zona cero. Justo en ese momento empezamos a oír muchísimo ruido de sirenas de coches de bomberos y el escalofrío fue inevitable. De repente tuve una sensación muy rara, como un poco agobiante al ponerme a pensar en todo lo que pasó allí. Vimos la torre que están construyendo en conmemoración a los atentados del 11S y sus víctimas, pero de todo eso ya os hablaré más adelante.

Por lo pronto, conseguimos llegar a la estatua del toro de Wall Street.

Y para terminar la crónica de hoy os dejo nuestra foto por delante…

…y por detrás.


Tres semanas en Nueva York (III)

Es martes. Después de salir de clase decidimos ir a comer a una hamburguesería muy famosa que no quedaba lejos de la escuela: Shake Shack. Dicen que sus hamburguesas son de las mejores que puedes encontrar en Nueva York, y la verdad que estaban bastante a la altura. La cola era interminable, salía por fuera del local y nos tocó esperar al sol. Dentro, una vez hecho el pedido, te daban este aparatejo con tu número y te podías ir a coger sitio. Cuando el pedido está servido, el cacharro este se pone a vibrar para avisarte de que vayas a recogerlo. Creo que eso ya lo he visto por Madrid, pero no me deja de hacer gracia.

(Foto de Jose)

(Foto de Jose)

Después nos pusimos a andar camino a High Line de nuevo. El resto del grupo no lo había visto y como no estábamos lejos de la entrada superior (o es creíamos) decidimos empezar por ahí. Un largo paseo al sol nos hizo darnos cuenta de que igual sí que estábamos un poquillo apartados de la zona y cuando creíamos que nos moríamos deshidratados llegamos a la escalera de subida al parque. Nada más llegar, repostamos en una de las fuentes y nos sentamos un rato a descansar a la sombra.

(Mis compis en High Line)

Como ya os conté, este parque corre entre edificios tanto de viviendas como de oficinas y puedes encontrarte con rinconcitos maravillosos como terracitas muy apetecibles para hacer vida en el exterior. Ésta en concreto me alucinó porque se encuentra en el hueco que dejan dos edificios de casas y la vía del parque. Está rodeado de vegetación y aunque no tiene demasiada intimidad, dan ganas de sentarse en una buena hamaca a leer un libro o escuchar música con algo fresquito en la mano.

Pero en el parque también hay otros rincones perfectos para pasar el rato, como este banco que está a la sombra de una enredadera y que es perfecto para simular a la chica de la foto (que estaba la mar de tranquila hasta que llegamos nosotros a descansar a su lado).

Seguimos andando hasta el final del parque, no sin antes pararnos un par de veces. Una de ellas para que Oli preguntara al señor de un puesto de helados que era exactamente eso del “shaving ice” (si mal no recuerdo…). Tenía un gran bloque de hielo que arañaba con una cuchilla para convertirlo en granizado y después añadía un zumo del sabor que le pidieses. Así tenías unos polos en tarrina muy originales (no tengo fotos de esto, pero creo que Oli sí…a ver si las consigo). Un poco más adelante, encontramos las tumbonas de madera que están a un lado del camino. Lo mejor es que en el lado opuesto el suelo está cubierto por un dedo de agua fresquita, perfecto para parar y mojarse los pies un rato para refrescarse de tanto calor.

Después volví al mercado de Chelsea. Ahora sí que os voy a enseñar alguna foto aunque lo mejor es que si podéis lo visitéis porque tiene un encanto especial.

Ahí tenéis un directorio que está en mitad del mercado para indicarte bien dónde están todas las tiendas. Como véis, hay muchísimas pero lo que más abunda son las dedicadas a la comida, especialmente a los dulces. Y precisamente de una de ellas quiero hablaros, porque tenían cositas muy tentadoras. Se trata de Eleni’s New York, una pastelería especializada en galletas decoradas con distintos motivos.

(Foto de Raúl)

(Foto de Jose)

Podías elegir entre comprar una cajita con los surtidos ya hechos según la temática o seleccionar tú las galletas que más te llamaran la atención para hacer tu propio set. No caímos en la tentación pero poco nos faltó porque tenían una pinta deliciosa. Sin duda, una de las tiendas con más éxito.

Un poco más adelante está Chelsea Market Baskets, una tienda de regalos con cositas muy chulas. Allí compré un par de libretas de recuerdo de la ciudad de rollo vintage, una para mí y otra para mi hermana. Y allí fue donde Thomas me regaló el maravilloso poster del mapa de NYC.

Después del repaso a Chelsea, partimos hacia el Soho en una visita rápida porque estábamos medio muertos. A la vuelta, unos pocos nos desvíamos para ver el edificio Dakota y Strawberry Fields, uno de los puntos fuertes de Central Park y dos lugares clave para los fans de The Beatles. La foto que os dejo es de otro día, que volvimos a pasar por allí y lo encontramos repleto de flores y recuerdos en la memoria de John Lennon.

(Foto de Jorge)

Poco más que señalar de aquel día. ¡Ah sí! Conocimos a dos nuevos compañeros de viaje que además nos descubrieron el súper que nos salvaría las cenas más de un día cuando estábamos hartos de hamburguesas. Parece que no, pero fue un gran acontecimiento en nuestro viaje.


Tres semanas en Nueva York (II)

Nos plantamos en el primer lunes de clase de las tres semanas. Fuimos andando a la escuela desde las 63 hasta la 36 y en nuestro largo camino atravesamos (algunos por primera vez) Times Square. Y como no podría ser de otra forma en Nueva York nos encontramos un cúmulo de personas gritando y haciendo fotos a alguien: Beckham y Henry…esas cosillas de todos los días.

Después de la prueba de nivel de dudosa utilidad nos colocaron como bien les dio la gana para luego tener que hacer reajustes nada más empezar las clases. Estupendo. Vámonos de turismo.

Primera comida neoyorquina y Raúl y yo estrenamos el Papaya Dog de la 33 con la 5 avenida. Nuestros primeros perritos con zumo fresquito para empezar la aventura. Fuimos a buscar un sitio donde sentarnos a comerlos y encontramos el muro de un parking perfecto para apoyarnos. Al darnos la vuelta descubrimos las vistas que teníamos a la espalda: el mismísimo Empire State vigilándonos mientras comíamos.

Después de comer nos reunimos con el resto del grupo que había preferido arrancar el viaje con hamburguesas. Nada más ponernos a andar empezó a llover cada vez más fuerte, una lluvia que nos acompañaría el resto de la tarde. Intentando que eso no nos echara a perder la tarde nos pusimos a andar pensando dónde poder meternos para no seguir mojándonos. Entramos en el Chrysler Building, uno de los edificios más bonitos de Nueva York y casi sin querer llegamos a Grand Central Station.

Empezamos a andar por sus pasillos hasta llegar al hall central que tantas veces habíamos visto en películas y series.

Después de pasarnos un rato mirando a todas partes y hacernos unas cuantas fotos decidimos salir para seguir con la ruta. Según nos acercábamos a la salida nos encontramos con un stand enorme de Nivea y nos invitaron a pasar para recibir muestras de sus productos. Al final, salimos de alli con un masaje de manos que nos vino a las mil maravillas, ¡impresionante!

Seguimos andando. Entramos en varias tiendas y por fin llegamos a la plaza del Rockefeller. No nos detuvimos demasiado tiempo porque seguía lloviendo y decidimos resguardarnos en la tienda de Lego. He de decir que me la esperaba más espectacular pero no estaba mal. Las paredes estaban pobladas de boles llenos de las míticas piezas de plástico de mil colores. Lo más curioso era el módulo dedicado a los muñecos, donde podías montar el tuyo propio con las piezas que quisieras.

Cansados de tanta lluvia llegamos a la esquina de la 54 con Madison y entramos en nuestro primer deli aunque solo fue para tomar algo de merendar y esperar a ver si dejaba de llover. No paró, así que tuvimos que seguir con el camino.

Después de andar un rato y pasar por la puerta de St. Patricks dejó de llover y entramos a cotillear la tienda Apple. Fue una desilusión que hubieran cubierto la cristalera que caracteriza al edificio con una loneta blanca. Pensamos que podría ser por la lluvia pero no la quitaron en las tres semanas que estuvimos allí. Muchísima gente, supongo que por la lluvia, y muchísimos productos esperando a que te pusieras delante de ellos y te entraran ganas de llevártelos todos.

Al final se nos hizo tarde, y decidimos volver a la residencia para darnos una ducha calentita y quitarnos la ropa mojada. A la hora de cenar nos fuimos dando un paseo para ver Times Square de noche. Cuando estábamos allí haciéndonos las típicas fotos, llegaron un grupo de chicas ¿argentinas? que seleccionaron a nuestros chicos para grabar unas escenas para un videoclip que estaban grabando. Tenían que correr como locos en todas las direcciones…imaginaos el espectáculo. Fuimos andando por la calle de los teatros viendo la salida de los musicales. Incréible la oferta que hay en Nueva York para todos los gustos: Sister Act, Memphis, El Fantasma de la Opera, Priscilla: Queen of the dessert, Chicago, Baby it’s you, Mary Poppins, Spiderman y el recien estrenado Catch Me If You Can, entre otros.

Llegamos a un McDonalds justo a tiempo para cenar y volver a la residencia, agotados por el primer día de pateo por la ciudad. Buen arranque del viaje aunque fuera pasado por agua, pero aún quedaba muchísimo por descubrir.


Tres semanas en Nueva York (I)

Se ha terminado la aventura. Han sido tres semanas maravillosas, en una ciudad increíble con gente alucinante. No tengo más que buenas palabras y muy escasos peros porque la capital del mundo ha estado totalmente a la altura de mis espectativas. City of cities, que la llaman. Empiezo ahora una serie de posts para enseñaros un trocito de mi andadura por la Gran Manzana.

Después de varias horas de vuelo aterricé en Newark, el aeropuerto de New Jersey donde la primera noticia que recibí fue Amy Winehouse había muerto. Increíble pero cierto, había aterrizado en los Estados Unidos. Después de pasar las temidas aduanas (y estar a punto de quedarme fuera porque el “simpático” señor no se creía que viniera a estudiar con beca) y recoger mi maleta, tenía a los Scifo esperándome a la salida para llevarme al que sería mi primer hogar en el país. Una agradable conversación en español-inglés para ponernos al día y empezar a habituarme al idioma fue el camino de llegada a su casa en New Jersey para encontrarme con el resto de la familia.

Pero el viaje como tal realmente empezó al día siguiente, un domingo de paseo por New York y mi primera toma de contacto con la ciudad. Para empezar, me llevaron a conocer el High Line, un parque construido en una antigua vía de tren que atravesaba parte del barrio de Chelsea y que se extiende a lo largo de más de 2 kilómetros. Gracias a Dios, el domingo estuvo nublado y el calor sofocante no se agravó demasiado.

El parque es una pasada. Es un paseo muy relajante y diferente dentro de la gran ciudad. Muchos banquitos de madera a lo largo del parque y muchas fuentes donde parar a repostar. Extensiones de cesped donde tumbarse y plantitas por todas partes para crear un oasis entre edificios. Puestos de helados (algo caros, para qué engañarnos) y de artistas que venden sus obras bajo los puentes para resguardarse del calor. Sin duda, muy recomendable paseo si visitas la ciudad con algo de tiempo. Además en el extremo norte (si mal no recuerdo) hay una escuela de trapecistas en la que puedes cotillear cómo entrenan y un bar al aire libre lleno de banquitos de madera donde tomar algo antes o después del paseo.

Después de andar por el parque nos tocó visitar el barrio de  Chelsea, pero primero comimos en un restaurante que tenía cosas riquísimas, The Standard Grill, el restaurante del Standard Hotel que crece por encima del High Line. Después, tocaba paseo por Chelsea para ver la zona, sus tiendas y sus bares-discotecas.

Increíble la zona. Las tiendas tienen precios carillos pero su estilismo y sus escaparates merecen mucho la pena. Como ejemplo, la tienda All Saints Co. del barrio, cuya pared principal está decorada con antiguas máquinas de coser y el resto de la tienda con un aire industrial muy chulo.

Entramos en muchísimas tiendas y subimos al ático de un restaurante-discoteca que era una auténtica pasada. Ahora no recuerdo el nombre, pero cuando lo haga actualizaré la entrada para dejaros la información.

Después, fuimos al Chelsea Market, donde compré unas libretas para mí y mi hermana y Thomas me regaló un precioso poster del plano de New York en plan vintage. Tengo que buscarle un hueco en mi pared.

Pero todas las fotos del mercado os las pongo otro día, cuando volví por allí con el resto de mis compañeros españoles.

Cuando me dejaron en la residencia, conocí a mi compañera de habitación y a mis nuevos compañeros de viaje y nos fuimos a tomar algo al McGee’s, el supuesto bar de “Cómo conocí a vuestra madre”. Luego salimos a buscar algo donde comer. Encontramos un super para comprar el desayuno del día siguiente y comimos unos trozos de pizza.

Y así acabó mi primera toma de contacto con la ciudad. Totalmente alucinada y ansiosa por descubrir todo lo que aún no conocía. Seguiremos informando!!!!


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