Tres semanas en Nueva York (III)

Es martes. Después de salir de clase decidimos ir a comer a una hamburguesería muy famosa que no quedaba lejos de la escuela: Shake Shack. Dicen que sus hamburguesas son de las mejores que puedes encontrar en Nueva York, y la verdad que estaban bastante a la altura. La cola era interminable, salía por fuera del local y nos tocó esperar al sol. Dentro, una vez hecho el pedido, te daban este aparatejo con tu número y te podías ir a coger sitio. Cuando el pedido está servido, el cacharro este se pone a vibrar para avisarte de que vayas a recogerlo. Creo que eso ya lo he visto por Madrid, pero no me deja de hacer gracia.

(Foto de Jose)

(Foto de Jose)

Después nos pusimos a andar camino a High Line de nuevo. El resto del grupo no lo había visto y como no estábamos lejos de la entrada superior (o es creíamos) decidimos empezar por ahí. Un largo paseo al sol nos hizo darnos cuenta de que igual sí que estábamos un poquillo apartados de la zona y cuando creíamos que nos moríamos deshidratados llegamos a la escalera de subida al parque. Nada más llegar, repostamos en una de las fuentes y nos sentamos un rato a descansar a la sombra.

(Mis compis en High Line)

Como ya os conté, este parque corre entre edificios tanto de viviendas como de oficinas y puedes encontrarte con rinconcitos maravillosos como terracitas muy apetecibles para hacer vida en el exterior. Ésta en concreto me alucinó porque se encuentra en el hueco que dejan dos edificios de casas y la vía del parque. Está rodeado de vegetación y aunque no tiene demasiada intimidad, dan ganas de sentarse en una buena hamaca a leer un libro o escuchar música con algo fresquito en la mano.

Pero en el parque también hay otros rincones perfectos para pasar el rato, como este banco que está a la sombra de una enredadera y que es perfecto para simular a la chica de la foto (que estaba la mar de tranquila hasta que llegamos nosotros a descansar a su lado).

Seguimos andando hasta el final del parque, no sin antes pararnos un par de veces. Una de ellas para que Oli preguntara al señor de un puesto de helados que era exactamente eso del “shaving ice” (si mal no recuerdo…). Tenía un gran bloque de hielo que arañaba con una cuchilla para convertirlo en granizado y después añadía un zumo del sabor que le pidieses. Así tenías unos polos en tarrina muy originales (no tengo fotos de esto, pero creo que Oli sí…a ver si las consigo). Un poco más adelante, encontramos las tumbonas de madera que están a un lado del camino. Lo mejor es que en el lado opuesto el suelo está cubierto por un dedo de agua fresquita, perfecto para parar y mojarse los pies un rato para refrescarse de tanto calor.

Después volví al mercado de Chelsea. Ahora sí que os voy a enseñar alguna foto aunque lo mejor es que si podéis lo visitéis porque tiene un encanto especial.

Ahí tenéis un directorio que está en mitad del mercado para indicarte bien dónde están todas las tiendas. Como véis, hay muchísimas pero lo que más abunda son las dedicadas a la comida, especialmente a los dulces. Y precisamente de una de ellas quiero hablaros, porque tenían cositas muy tentadoras. Se trata de Eleni’s New York, una pastelería especializada en galletas decoradas con distintos motivos.

(Foto de Raúl)

(Foto de Jose)

Podías elegir entre comprar una cajita con los surtidos ya hechos según la temática o seleccionar tú las galletas que más te llamaran la atención para hacer tu propio set. No caímos en la tentación pero poco nos faltó porque tenían una pinta deliciosa. Sin duda, una de las tiendas con más éxito.

Un poco más adelante está Chelsea Market Baskets, una tienda de regalos con cositas muy chulas. Allí compré un par de libretas de recuerdo de la ciudad de rollo vintage, una para mí y otra para mi hermana. Y allí fue donde Thomas me regaló el maravilloso poster del mapa de NYC.

Después del repaso a Chelsea, partimos hacia el Soho en una visita rápida porque estábamos medio muertos. A la vuelta, unos pocos nos desvíamos para ver el edificio Dakota y Strawberry Fields, uno de los puntos fuertes de Central Park y dos lugares clave para los fans de The Beatles. La foto que os dejo es de otro día, que volvimos a pasar por allí y lo encontramos repleto de flores y recuerdos en la memoria de John Lennon.

(Foto de Jorge)

Poco más que señalar de aquel día. ¡Ah sí! Conocimos a dos nuevos compañeros de viaje que además nos descubrieron el súper que nos salvaría las cenas más de un día cuando estábamos hartos de hamburguesas. Parece que no, pero fue un gran acontecimiento en nuestro viaje.

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